# Texto 2 – la Creación, un Icono. San Juan de la Cruz y la Creación
## Propuesta para el Encuentro Comunitario
1. Lectura del texto.
2. Uno de los participantes, que habrá preparado previamente su intervención, presenta el texto con ayuda de la ficha de lectura (y de otros materiales si lo considera necesario).
3. Diálogo comunitario sobre el texto.
Sería conveniente realizar una lectura y meditación personal del texto antes del encuentro comunitario.
## Introducción al Texto
Lectura de los escritos de san Juan de la Cruz
San Juan de la Cruz y la creación
Texto 2: La creación, un icono
# Introducción al Texto
En el texto siguiente, extraído del Cántico espiritual (segunda redacción), que ya no es una visión de conjunto como los Romances, sino la traducción poética de la experiencia individual del santo, entramos en los comentarios teológicos que el propio doctor místico hizo de sus poemas (o cánticos).
En él encontramos nuevamente el tema de la creación como «palacio», así como la entrada del Hijo de Dios en ese palacio, pero con imágenes totalmente diferentes. Creación y encarnación redentora son descritas como dos acciones divinas complementarias:
- En la **primera acción** —o primer movimiento—, Dios crea en su Hijo el mundo natural, que es creado a imagen de su bondad, de su belleza y de sus otras perfecciones. La creación es, así, la «huella» del paso de Dios. San Juan de la Cruz se apoya aquí en la teología tradicional, que enseña que todas las excelencias del mundo creado y finito son imagen de las excelencias infinitas de Dios.
- En la **segunda acción** —o segundo movimiento—, la encarnación redentora es descrita como un sello que se «graba» (CB 5,4) en la realidad humana y cósmica, comunicándole directamente esa bondad y belleza divinas, esas excelencias y otras perfecciones, así como las perfecciones humanas de Cristo y también de María.
En una sola frase —pero de enorme alcance e importancia—: para san Juan de la Cruz, la creación solo alcanza su perfección al acoger la encarnación, en María.
# Propuesta para el Encuentro Comunitario
1. Lectura del texto.
2. Uno de los participantes, que habrá preparado previamente su intervención, presenta el texto con ayuda de la ficha de lectura (y de otros materiales si lo considera necesario).
3. Diálogo comunitario sobre el texto.
Sería conveniente realizar una lectura y meditación personal del texto antes del encuentro comunitario.
En una sola frase —pero de enorme alcance e importancia—: para san Juan de la Cruz, la creación solo alcanza su perfección al acoger la encarnación, en María.
Con esta acogida, la creación deja de ser únicamente la imagen natural y creada de Dios (como en la primera acción) y pasa a participar sobrenaturalmente de las perfecciones divinas y humanas de Cristo.
El hombre y la mujer se convierten en mediadores del cumplimiento del cosmos, que así es desposado y divinizado. La realidad humana y cósmica se diviniza en la medida en que se humaniza; en ello se fundamenta toda la bondad, la belleza y la dignidad de la creación, pero también la responsabilidad del género humano hacia ella. El hombre y la mujer son, en Cristo y en María, los mediadores de esta transfiguración de la creación, pues, por naturaleza, com-parten su misma materialidad.
Por eso, en el Cántico espiritual, el «palacio» del que se hablaba en los Romances se convierte ahora en «esposa» y en «icono». Esposa o icono confiados a la responsabilidad de la humanidad, ya que su armonía es «inviolable» (CB 5,1), nos advierte el santo.
En este sentido, en la estrofa 5, san Juan de la Cruz habla del rostro de Cristo que, como un sello, se ha grabado o impreso en la creación por el misterio de la encarnación redentora. Esta concepción fundamenta toda una teología de la imagen o del icono.
San Juan de la Cruz se inspira aquí en la teología franciscana. Para san Francisco, así como somos creados a imagen de la divinidad, de igual modo, por la encarnación, la divinidad se hace a nuestra imagen. De ahí que toda la dignidad y la responsabilidad de la humanidad consistan en devolver a la creación toda su «belleza» (CB 5,5): belleza crística, mariana e icónica. La belleza de la creación y de la re-creación se convierte así, para san Juan de la Cruz, en el fundamento de la moralidad. «La belleza salvará al mundo», dirá Dostoievski.
En los comentarios que el santo hace a continuación de la estrofa 5 del Cántico, subraya que toda actividad humana encuentra su origen y su cumplimiento en el misterio de la encarna-ción redentora, de la cual irradia, en la medida de la respuesta humana, la «figura» (CB 5,3) o el «rostro» de Cristo, y también el rostro de María, pues ella es precisamente esa respuesta. Cristo, por la encarnación redentora, se ha «grabado» primero en ella, el verdadero «icono». Por tanto, la respuesta de la criatura se expresa en su relación con la creación, de la cual Adán y Eva, y luego el nuevo Adán y la nueva Eva, son los «guardianes» (Gn 2,15).
He aquí, pues, la hermosísima estrofa 5 del Cántico espiritual y algunos comentarios esenciales del propio san Juan de la Cruz. A pesar de su brevedad, la estrofa posee una pro-fundidad inagotable.
CÁNTICO ESPIRITUAL B 5
Mil gracias derramando pasó por estos sotos con presura, y, yéndolos mirando, con sola su figura vestidos los dejó de hermosura
DECLARACIÓN 1. En esta canción responden las criaturas al alma, la cual respuesta, como también dice san Agustín en aquel mismo lugar, es el testimonio que dan en sí de la grandeza y excelencia de Dios al alma que por la consideración se lo pregunta. Y así, en esta canción lo que se contiene en sustancia es: que Dios crio todas las cosas con gran facilidad y brevedad y en ellas dejó al-gún rastro de quien él era, no solo dándoles el ser de nada, mas aun dotándolas de innumera-bles gracias y virtudes, hermoseándolas con admirable orden y dependencia indeficiente que tienen unas de otras, y esto todo haciéndolo por la Sabiduría suya por quien las crio, que es el Verbo, su Unigénito Hijo. Dice, pues, así:
Mil gracias derramando.
2. Por estas mil gracias que dice iba derramando, se entiende la multitud de las criaturas in-numerables; que por eso pone aquí el número mayor, que es mil, para dar a entender la mul-titud de ellas; a las cuales llama gracias por las muchas gracias de que dotó a las criaturas; las cuales derramando, es a saber, todo el mundo poblando, pasó por estos sotos con presura.
3. Pasar por los sotos es criar los elementos, que aquí llama sotos; por los cuales dice que der-ramando mil gracias pasaba, porque de todas las criaturas los adornaba, que son graciosas; y allende de eso, en ellas derramaba las mil gracias, dándoles virtud para poder concurrir con la generación y conservación de todas ellas. Y dice que pasó, porque las criaturas son como un rastro del paso de Dios, por el cual se rastrea su grandeza, potencia y sabiduría y otras virtudes divinas. Y dice que este paso fue con presura, porque las criaturas son las obras me-nores de Dios, que las hizo como de paso; porque las mayores, en que más se mostró y en que más él reparaba, eran las de la encarnación del Verbo y misterios de la fe cristiana, en cuya comparación todas las demás eran hechas como de paso, con apresuramiento.
Y, yéndolos mirando, con sola su figura, vestidos los dejó de hermosura. 4. Según dice san Pablo (Heb 1, 3), el Hijo de Dios es resplandor de su gloria y figura de su sustancia. Es, pues, de saber que con sola esta figura de su Hijo miró Dios todas las cosas, que fue darles el ser natural, comunicándoles muchas gracias y dones naturales, haciéndo-las acabadas y perfectas, según dice en el Génesis (Gn 1, 31) por estas palabras: Miró Dios todas las cosas que había hecho, y eran mucho buenas. El mirarlas mucho buenas era hacerlas mucho buenas en el Verbo, su Hijo. Y no solamente les comunicó el ser y gracias naturales
LAUDATO SI’:
LS 12. Por otra parte, san Francisco, fiel a la Escritura, nos propone reconocer la naturaleza como un espléndido libro en el cual Dios nos habla y nos refleja algo de su hermosura y de su bondad: «A través de la grandeza y de la belleza de las criaturas, se conoce por analogía al au-tor» (Sb 13,5), y «su eterna potencia y divinidad se hacen visibles para la inteligencia a través de sus obras desde la creación del mundo» (Rm 1,20). Por eso, él pedía que en el convento siempre se dejara una parte del huerto sin cultivar, para que crecieran las hierbas silvestres, de manera que quienes las admiraran pudieran elevar su pensamiento a Dios, autor de tanta belleza. El mundo es algo más que un problema a resolver, es un misterio gozoso que contemplamos con jubilosa alabanza.
LS 84. Cuando insistimos en decir que el ser humano es imagen de Dios, eso no debería lle-varnos a olvidar que cada criatura tiene una función y ninguna es superflua. Todo el universo material es un lenguaje del amor de Dios, de su desmesurado cariño hacia nosotros. El suelo, el agua, las montañas, todo es caricia de Dios. (…)
LS 92. (…) No podemos considerarnos grandes amantes si excluimos de nuestros intereses alguna parte de la realidad: «Paz, justicia y conservación de la creación son tres temas ab-solutamente ligados, que no podrán apartarse para ser tratados individualmente so pena de caer nuevamente en el reduccionismo». Todo está relacionado, y todos los seres humanos estamos juntos como hermanos y hermanas en una maravillosa peregrinación, entrelazados por el amor que Dios tiene a cada una de sus criaturas y que nos une también, con tierno cariño, al hermano sol, a la hermana luna, al hermano río y a la madre tierra.
LS 100. El Nuevo Testamento no solo nos habla del Jesús terreno y de su relación tan con-creta y amable con todo el mundo. También lo muestra como resucitado y glorioso, presente en toda la creación con su señorío universal: «Dios quiso que en él residiera toda la Plenitud. Por él quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz» (Col 1,19-20). Esto nos proyecta al final de los tiempos, cuando el Hijo entregue al Padre todas las cosas y «Dios sea todo en todos» (1Co 15,28). De ese modo, las criaturas de este mundo ya no se nos presentan como una realidad meramente natural, porque el Resucitado las envuelve misteriosamente y las orienta a un destino de plenitud. Las mismas flores del campo y las aves que él contempló admirado con sus ojos humanos, ahora están llenas de su presencia luminosa.
mirándolas, como habemos dicho, mas también con sola esta figura de su Hijo las dejó ves-tidas de hermosura, comunicándoles el ser sobrenatural; lo cual fue cuando se hizo hom-bre, ensalzándole en hermosura de Dios, y, por consiguiente, a todas las criaturas en él, por haberse unido con la naturaleza de todas ellas en el hombre. Por lo cual dijo el mismo Hijo de Dios (Jn 12, 32): Si ego exaltatus a terra fuero, omnia traham ad me ipsum, esto es: Si yo fuere ensalzado de la tierra, levantaré a mí todas las cosas. Y así, en este levantamiento de la encarnación de su Hijo y de la gloria de su resurrección según la carne, no solamente hermoseó el Padre las criaturas en parte, mas podremos decir que del todo las dejó vestidas de hermosura y dignidad.
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## Preguntas
1. ¿Qué significa, para san Juan de la Cruz, que la naturaleza deja en el alma una forma revestida de su hermosura? ¿Se convierte la creación en una huella visible del paso de Dios? ¿Podemos decir que, para san Juan de la Cruz y el papa Francisco, la creación es un icono, es decir, una imagen que hace visible lo invisible?
2. ¿Podemos afirmar que la naturaleza es una «palabra de Dios» para ambos autores? ¿Qué lenguajes utilizan para hablar de ella —poético, teológico, simbólico—?
3. ¿En qué sentido la contemplación de la naturaleza, tanto en san Juan de la Cruz como en Laudato Si’, es un camino hacia Dios? ¿Cómo el modo de mirar la creación transforma el alma en san Juan de la Cruz, y la manera de vivir en el papa Francisco?
4. Si la naturaleza es un icono o un misterio sagrado, ¿qué actitud implica esto hacia ella? ¿Cómo se pasa de la contemplación a la acción?
## Cántico Espiritual B 5
Mil gracias derramando
pasó por estos sotos con presura,
y, yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejó de hermosura
## Declaración
1. En esta canción responden las criaturas al alma, la cual respuesta, como también dice san
Agustín en aquel mismo lugar, es el testimonio que dan en sí de la grandeza y excelencia de
Dios al alma que por la consideración se lo pregunta. Y así, en esta canción lo que se contiene
en sustancia es: que Dios crio todas las cosas con gran facilidad y brevedad y en ellas dejó al-
gún rastro de quien él era, no solo dándoles el ser de nada, mas aun dotándolas de innumera-
bles gracias y virtudes, hermoseándolas con admirable orden y dependencia indeficiente que
tienen unas de otras, y esto todo haciéndolo por la Sabiduría suya por quien las crio, que es el
Verbo, su Unigénito Hijo. Dice, pues, así:
Mil gracias derramando.
2. Por estas mil gracias que dice iba derramando, se entiende la multitud de las criaturas in-
numerables; que por eso pone aquí el número mayor, que es mil, para dar a entender la mul-
titud de ellas; a las cuales llama gracias por las muchas gracias de que dotó a las criaturas; las
cuales derramando, es a saber, todo el mundo poblando,
pasó por estos sotos con presura.
3. Pasar por los sotos es criar los elementos, que aquí llama sotos; por los cuales dice que der-
ramando mil gracias pasaba, porque de todas las criaturas los adornaba, que son graciosas; y
allende de eso, en ellas derramaba las mil gracias, dándoles virtud para poder concurrir con
la generación y conservación de todas ellas. Y dice que pasó, porque las criaturas son como
un rastro del paso de Dios, por el cual se rastrea su grandeza, potencia y sabiduría y otras
virtudes divinas. Y dice que este paso fue con presura, porque las criaturas son las obras me-
nores de Dios, que las hizo como de paso; porque las mayores, en que más se mostró y en que
más él reparaba, eran las de la encarnación del Verbo y misterios de la fe cristiana, en cuya
comparación todas las demás eran hechas como de paso, con apresuramiento.
Y, yéndolos mirando, con sola su figura,
vestidos los dejó de hermosura.
4. Según dice san Pablo (Heb 1, 3), el Hijo de Dios es resplandor de su gloria y figura de su
sustancia. Es, pues, de saber que con sola esta figura de su Hijo miró Dios todas las cosas,
que fue darles el ser natural, comunicándoles muchas gracias y dones naturales, haciéndo-
las acabadas y perfectas, según dice en el Génesis (Gn 1, 31) por estas palabras: Miró Dios
todas las cosas que había hecho, y eran mucho buenas. El mirarlas mucho buenas era hacerlas
mucho buenas en el Verbo, su Hijo. Y no solamente les comunicó el ser y gracias naturales
Texto 2: La creación, un icono
3mirándolas, como habemos dicho, mas también con sola esta figura de su Hijo las dejó ves-
tidas de hermosura, comunicándoles el ser sobrenatural; lo cual fue cuando se hizo hom-
bre, ensalzándole en hermosura de Dios, y, por consiguiente, a todas las criaturas en él,
por haberse unido con la naturaleza de todas ellas en el hombre. Por lo cual dijo el mismo
Hijo de Dios (Jn 12, 32): Si ego exaltatus a terra fuero, omnia traham ad me ipsum, esto es: Si
yo fuere ensalzado de la tierra, levantaré a mí todas las cosas. Y así, en este levantamiento
de la encarnación de su Hijo y de la gloria de su resurrección según la carne, no solamente
hermoseó el Padre las criaturas en parte, mas podremos decir que del todo las dejó vestidas
de hermosura y dignidad.
LAUDATO SI’:
LS 12. Por otra parte, san Francisco, fiel a la Escritura, nos propone reconocer la naturaleza
como un espléndido libro en el cual Dios nos habla y nos refleja algo de su hermosura y de su
bondad: «A través de la grandeza y de la belleza de las criaturas, se conoce por analogía al au-
tor» (Sb 13,5), y «su eterna potencia y divinidad se hacen visibles para la inteligencia a través de
sus obras desde la creación del mundo» (Rm 1,20). Por eso, él pedía que en el convento siempre
se dejara una parte del huerto sin cultivar, para que crecieran las hierbas silvestres, de manera
que quienes las admiraran pudieran elevar su pensamiento a Dios, autor de tanta belleza. El
mundo es algo más que un problema a resolver, es un misterio gozoso que contemplamos con
jubilosa alabanza.
LS 84. Cuando insistimos en decir que el ser humano es imagen de Dios, eso no debería lle-
varnos a olvidar que cada criatura tiene una función y ninguna es superflua. Todo el universo
material es un lenguaje del amor de Dios, de su desmesurado cariño hacia nosotros. El suelo,
el agua, las montañas, todo es caricia de Dios. (…)
LS 92. (…) No podemos considerarnos grandes amantes si excluimos de nuestros intereses
alguna parte de la realidad: «Paz, justicia y conservación de la creación son tres temas ab-
solutamente ligados, que no podrán apartarse para ser tratados individualmente so pena de
caer nuevamente en el reduccionismo». Todo está relacionado, y todos los seres humanos
estamos juntos como hermanos y hermanas en una maravillosa peregrinación, entrelazados
por el amor que Dios tiene a cada una de sus criaturas y que nos une también, con tierno
cariño, al hermano sol, a la hermana luna, al hermano río y a la madre tierra.
LS 100. El Nuevo Testamento no solo nos habla del Jesús terreno y de su relación tan con-
creta y amable con todo el mundo. También lo muestra como resucitado y glorioso, presente
en toda la creación con su señorío universal: «Dios quiso que en él residiera toda la Plenitud.
Por él quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la
paz por la sangre de su cruz» (Col 1,19-20). Esto nos proyecta al final de los tiempos, cuando
el Hijo entregue al Padre todas las cosas y «Dios sea todo en todos» (1Co 15,28). De ese modo,
las criaturas de este mundo ya no se nos presentan como una realidad meramente natural,
porque el Resucitado las envuelve misteriosamente y las orienta a un destino de plenitud.
Las mismas flores del campo y las aves que él contempló admirado con sus ojos humanos,
ahora están llenas de su presencia luminosa.
4 Texto 2: La creación, un iconoPreguntas
1. ¿Qué significa, para san Juan de la Cruz, que la naturaleza deja en el alma una forma
revestida de su hermosura?
¿Se convierte la creación en una huella visible del paso de Dios?
¿Podemos decir que, para san Juan de la Cruz y el papa Francisco, la creación es un icono,
es decir, una imagen que hace visible lo invisible?
2. 3. 4. ¿Podemos afirmar que la naturaleza es una «palabra de Dios» para ambos autores?
¿Qué lenguajes utilizan para hablar de ella —poético, teológico, simbólico—?
¿En qué sentido la contemplación de la naturaleza, tanto en san Juan de la Cruz como en
Laudato Si’, es un camino hacia Dios?
¿Cómo el modo de mirar la creación transforma el alma en san Juan de la Cruz, y la
manera de vivir en el papa Francisco?
Si la naturaleza es un icono o un misterio sagrado, ¿qué actitud implica esto hacia ella?
¿Cómo se pasa de la contemplación a la acción?
# Other Works
- [[jc-s-canticle-toc|Spiritual Canticle by St. John of the Cross]]
- [[laudato-si-toc|Laudato SI’ by Pope Francis]]
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**Source:** OCD General Curia, *St. John of the Cross and Creation* (Rome: OCD General Curia, 2026).